La categoría de empresa privada es muy abarcativa. En general, comprende una variedad de configuraciones que pueden ir desde la micro, pequeña y mediana empresa, hasta empresas familiares, cooperativas y multinacionales de gran porte, dejando tan solo afuera de este grupo a las empresas de capitales estatales (o públicas) y las que operan en la bolsa. Al ser impulsadas por el capital privado, estas empresas son un motor clave de la productividad, el crecimiento económico y la creación de empleo en todo el mundo, pero especialmente en América del Sur dónde representan casi la totalidad de las empresas en actividad y cubren más de la mitad de la demanda de empleo formal en esa región.
Asimismo, el sector privado se ha destacado históricamente por desempeñar un papel decisivo en materia de innovación e impulso de nuevos emprendimientos e iniciativas, sobre todo luego del auge reciente de las startups, empresas emergentes y tecnológicas, muchas de ellas fondeadas mediante capitales de riesgo, o venture capital, un vehículo de financiamiento que, poco a poco, está transformándose en un medio determinante para el desarrollo sostenible de estas empresas en la región. De hecho, países como Argentina, Brasil, Chile y Colombia están surgiendo como centros líderes en innovación, gracias a la proliferación de este tipo de empresas y métodos de financiamiento que, por ejemplo, han dado lugar al nacimiento de emprendimientos innovadores en el campo de los pagos digitales, la tecnología móvil, la logística, las energías renovables, la agricultura (agtech) y los bancos virtuales (fintechs), por mencionar solo algunos.
Al respecto, algunas encuestas, como la que KPMG realiza anualmente a una muestra representativa de CEO de diversos sectores y niveles de ingresos de todo el mundo1, destacan la resiliencia que caracteriza a los líderes de este grupo de empresas, no solo con relación a la confianza que asignan al crecimiento esperado para sus organizaciones en el corto y mediano plazo, ya sea mediante estrategias orgánicas o inorgánicas (por ejemplo, mediante fusiones y adquisiciones con otras empresas para potenciar su desarrollo y armarse de nuevas capacidades y habilidades), sino especialmente en materia de innovación, y con estrategias definidas que buscan priorizar las inversiones en inteligencia artificial (AI, por sus siglas en inglés) e inteligencia artificial generativa (GenAI), sendas herramientas que están redefiniendo la manera en la que las empresas trabajan, producen y se conectan con sus clientes.
1. KPMG 2024 CEO Outlook. The Private Enterprise perspective. KPMG International, 2024.
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Las empresas privadas están viendo en estas tecnologías un gran potencial para generar valor para sus compañías, fundamentalmente en términos de eficiencia, productividad y mayor innovación, pero sin olvidar los riesgos que conlleva su implementación en materia de datos y seguridad, o la necesidad de capacitar a la fuerza laboral para hacer un uso efectivo de las mismas, y disponer de un marco de gobernanza lo suficientemente sólido y con límites claros.
Teniendo en cuenta que el contexto actual en materia de financiamiento y precios puede estar generando grandes presiones en sus costos operativos, resulta comprensible que estas empresas busquen soluciones tecnológicas que las habiliten a conseguir más con los mismos recursos. Sin embargo, además de tener que superar los desafíos relacionados a una implementación eficiente y efectiva de tecnologías como IA y GenAI, las empresas privadas deberán hacer frente a cuestiones macroeconómicas que, de alguna manera, restringen su capacidad de desarrollo y perspectivas de crecimiento futuro, especialmente en lo relacionado a las tensiones geopolíticas, que amplifican los riesgos asociados a la expansión y dificultan la operación de las cadenas de suministro, las altas tasas de interés, que encarecen las opciones de financiamiento, y la incertidumbre política y económica, que se ha transformado en una constante y está impulsando a los consumidores y otras empresas a reducir gastos, presionando de esta manera al sector privado a maximizar el retorno del capital invertido.
Y a pesar de que estos desafíos no solo se replican para el sector privado en América del Sur, sino que, en ocasiones, pueden potenciarse gracias a las crisis económicas recurrentes en sus países o la falta de opciones para financiarse; la región cuenta con sobradas razones para que las empresas privadas prosperen. Un mercado amplio y pujante, menores costos laborales, dotación abundante de recursos naturales, trabajadores altamente capacitados, un mercado de venture capital en pleno crecimiento y, sobre todo, un menor riesgo geopolítico –desde que su ubicación se encuentra a gran distancia de los conflictos que hoy tienen lugar en Europa y Medio Oriente–, proporcionan una base sólida a partir de la cual el sector privado y sus empresas pueden continuar desarrollándose. Y ello, actualmente, no significa otra cosa que invertir en tecnología.