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      Existe una tensión silenciosa en el corazón de las empresas familiares contemporáneas, y el más reciente informe de KPMG sobre empresas familiares la expone con nitidez[1] .

       

      [1] Global Family Business Report 2026. Facing into the future, confident yet cautious. KPMG Private Enterprise, 2026. 

      Elaborado a partir de una encuesta a 1.927 líderes de empresas familiares en 41 países (incluido Brasil), el estudio señala que este sector, a pesar de mantener una notable confianza en su capacidad de crecer, deberá reinventarse a gran velocidad durante la próxima década. Y si hay un factor o elemento disruptivo que parece concentrar tanto las esperanzas como los temores de estos líderes, es la inteligencia artificial (IA).

      Según el informe citado, a escala global, el 64% de las empresas familiares afirma estar implementando IA de manera activa, una cifra que, de por sí, indica que la tecnología abandonó los laboratorios de prueba para instalarse directamente en la operación. Asimismo, desde el punto de vista regional, el 80% de las empresas brasileñas que participaron de la encuesta aseguraron estar utilizando la IA en sus operaciones; una cifra que contrasta con la media global y que revela un detalle no menor. Brasil representa aproximadamente la mitad del producto de América del Sur y, en algunos casos, puede funcionar como un laboratorio para las tendencias empresariales que luego se derraman en los mercados vecinos. Que sus empresas familiares estén incorporando inteligencia artificial a un ritmo acelerado, podría estar anticipando un ritmo de adopción similar o convergente en el corto plazo en Argentina, Chile, Colombia, Uruguay y el resto de la región durante los próximos años.

      Sin embargo, el hallazgo inquietante del informe no reside en la velocidad de adopción de la IA, sino en el desfase existente entre esa velocidad y la capacidad de gobernar la tecnología incorporada. El estudio revela, por ejemplo, que el 45% de las empresas familiares brasileñas todavía no ha desarrollado una estructura de gobernanza específica para la inteligencia artificial, un porcentaje superior al observado a nivel global (38%) y que, incluso, podría extrapolarse a la región como una cifra “testigo” de lo que puede estar ocurriendo en los países vecinos. En otras palabras, esto significa que la tasa de innovación estaría avanzando más rápido que los mecanismos diseñados para supervisar su uso, administrar sus riesgos y garantizar el cumplimiento regulatorio, lo que nos recuerda la clásica situación de “la máquina superando las reglas”; una experiencia histórica que no suele ser gratuita.

      La gravedad de esta brecha se comprende mejor a la luz de aquello que constituye el activo más valioso de las empresas familiares: su reputación. El informe muestra que, en Brasil, por ejemplo, el 90% de los encuestados considera la reputación familiar como una ventaja competitiva relevante (87% a nivel global), mientras que el 86% (89%) y 82% (83%), respectivamente, destacan los valores compartidos y el llamado “capital paciente” –es decir, la capacidad de invertir en un horizonte de largo plazo sin la presión por obtener retornos inmediatos–. Y aquí radica la verdadera paradoja. Son precisamente estos intangibles —confianza, legitimidad, reputación construida a lo largo de generaciones— los que quedan expuestos cuando se adopta una tecnología poderosa sin los marcos adecuados de control. Un algoritmo mal calibrado, un uso indebido de datos personales o una falla de ciberseguridad pueden erosionar en semanas un capital reputacional edificado durante décadas. Para una empresa familiar, ese daño no es meramente financiero; toca el núcleo mismo de su identidad.

      Además, el problema no parece limitarse a la inteligencia artificial. El informe identifica una fragilidad más amplia en la gestión de riesgos, ya que apenas el 33% de las empresas familiares a nivel global declaran contar con una estructura integral de gestión de riesgos corporativos (22% entre empresas brasileñas), en tanto que menos de uno de cada cinco encuestados afirmó que los roles y responsabilidades en esta materia estén claramente definidos. Estos números dibujan un cuadro preocupante. Mientras la exposición a amenazas crece de manera continua, las estructuras de control y supervisión no evolucionan al mismo ritmo. Para América del Sur, cuya realidad económica combina volatilidad macroeconómica, cambios regulatorios frecuentes y presiones competitivas derivadas de la digitalización, esta debilidad resulta particularmente delicada. 



      La región necesita la inteligencia artificial como herramienta para elevar una productividad históricamente rezagada, pero, al mismo tiempo, carece, en muchos casos, de los andamiajes institucionales internos necesarios que permitirían aprovecharla sin multiplicar los riesgos. 



      Finalmente, un tercer eje de discusión conecta la tecnología con el factor humano, y aquí conviene detenerse. A medida que las empresas familiares migran hacia modelos más profesionalizados, la atracción de talento especializado se convierte en el principal desafío vinculado a las personas. La incorporación de competencias muchas veces ajenas al círculo familiar resulta entonces decisiva para sostener la transformación de los negocios y acelerar las iniciativas ligadas a la tecnología y la innovación. La lección es contundente: la inteligencia artificial no genera valor por sí sola. El diferencial competitivo no proviene del software sino de las personas capaces de diseñar estrategias, interpretar resultados, supervisar riesgos y convertir capacidades técnicas en rentabilidad sostenible. En una región donde la fuga de talento calificado es un fenómeno estructural, este desafío adquiere una dimensión estratégica de primer orden.

      De hecho, lo anterior puede enmarcarse en una transformación de fondo mucho más amplia: la profesionalización de la gestión de la empresa familiar. A escala global, el informe destaca que la proporción de empresas administradas directamente por la familia caería del 49% al 12% hacia 2035, una tendencia que podría replicarse y pronunciarse en la región, a juzgar por el descenso proyectado por las empresas familiares brasileñas encuestadas, que estimaron una caída del 48% al 8% en igual período. La expectativa es, entonces, que más de la mitad de las organizaciones migre hacia estructuras gestionadas profesionalmente, con las familias ejerciendo un papel cada vez más estratégico a través de consejos y mecanismos de supervisión. Esta evolución no representa un abandono de los valores familiares, sino una maduración del modelo de gestión para enfrentar un entorno más complejo y competitivo. De hecho, no parece ser casual que este camino hacia una mayor “profesionalización” coincida con la expansión de la inteligencia artificial, ya que ambas tendencias se refuerzan mutuamente si se tiene en cuenta que gobernar una tecnología exige edificar paralelamente una estructura formal de decisión y control que, muchas veces, el modelo familiar tradicional posterga.

      ¿Qué conclusiones pueden extraerse de estos resultados? En términos generales, la experiencia brasileña ofrece un espejo valioso para la región, porque combina niveles elevados de adopción tecnológica con brechas significativas en gobernanza y gestión de riesgos. 

      El mensaje para América del Sur, en tanto, es que el desafío no consiste en decidir si se adopta o no la inteligencia artificial —esa discusión ya está saldada— sino en cómo se la adopta. Las empresas que logren equilibrar la innovación con el control, la velocidad con la supervisión y la automatización con el talento humano serán las que capturen los verdaderos beneficios de esta transición. Aquellas que se limiten a incorporar la tecnología sin construir los marcos de gobernanza correspondientes acumularán riesgos latentes que, tarde o temprano, terminarán manifestándose.

      En última instancia, el informe de KPMG describe un modelo de empresa familiar que seguirá valorando su identidad, su reputación y su visión de largo plazo, pero que dependerá cada vez más de una gestión profesional, una gobernanza robusta, la atracción de talento y un uso responsable de la tecnología. Para las empresas familiares sudamericanas, la ventaja competitiva del futuro no nacerá exclusivamente de la innovación tecnológica ni de los valores heredados, sino de la capacidad de fusionar ambos: la agilidad que aporta la inteligencia artificial y la mirada paciente que ha distinguido históricamente a las familias empresarias más exitosas. En una región donde el crecimiento siempre convive con la incertidumbre, esa síntesis entre legado y modernización podría convertirse en el activo económico más valioso de la próxima generación.


      KPMG Business Insights América del Sur

      Newsletter mensual que trae un artículo inédito sobre algún tema actual de interés común del continente sudamericano.
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