Abordar el cambio climático puede contribuir a impulsar el desarrollo económico y el crecimiento a largo plazo en los mercados emergentes y las economías en desarrollo (EMDE, por sus siglas en inglés). Estas economías requieren billones de dólares para enfrentar el cambio climático; sin embargo, actualmente solo una fracción de este financiamiento ha sido movilizado.
Los países en desarrollo enfrentan barreras significativas para acceder al financiamiento climático, entre ellas tecnología insuficiente, datos limitados y desafíos estructurales como canales de proyectos fragmentados, incertidumbre regulatoria y mercados financieros poco desarrollados. Estos obstáculos desalientan la inversión privada y ralentizan el progreso.
Las consecuencias de un financiamiento climático insuficiente son amplias: las EMDE continúan lidiando con desastres relacionados con el clima, mala calidad del aire, inseguridad alimenticia y acceso limitado a agua potable y energía. Estos retos contribuyen al rezago del desarrollo rural, la pobreza, problemas de salud, desigualdad y disminución de la productividad, lo que dificulta aún más el crecimiento económico.